
Cuando el camino es diferente, pero los logros también se celebran
Reflexiones de una madre al finalizar el curso escolar
Llegan las últimas semanas de junio y, con ellas, las graduaciones, las fiestas de fin de curso, las fotografías de recuerdo y las emociones a flor de piel. Para muchas familias es un momento de celebración. Para otras, también es un momento de incertidumbre, de preguntas y de decisiones difíciles.
Como madre, y también como persona que tiene la suerte de acompañar a muchas familias de Fundación ConecTEA, estos días me hacen reflexionar sobre todo lo que supone recorrer el camino educativo cuando el autismo forma parte de nuestra vida.
Porque no todas las historias son iguales: Hay familias que este año están celebrando una graduación; otras están cerrando una etapa para comenzar otra llena de nuevos retos; algunas han recibido la noticia de que su hijo o hija repetirá curso y otras están valorando cambios de escolarización, apoyos diferentes o nuevas alternativas educativas. Y todas ellas tienen algo en común: están intentando tomar la mejor decisión posible para sus hijos.
Quienes convivimos con el autismo sabemos que muchas decisiones que para otras familias pueden parecer sencillas, para nosotros suelen venir acompañadas de horas de reflexión, reuniones, informes, dudas y, en muchas ocasiones, miedo.
Miedo a equivocarnos.
Miedo a no estar eligiendo el camino correcto.
Miedo a no saber qué ocurrirá dentro de unos años.
Desde el momento en que recibimos un diagnóstico, comenzamos un viaje lleno de decisiones: la escolarización, los apoyos, las terapias, las actividades, los cambios de etapa, la adolescencia, la vida adulta… Y la realidad es que nadie tiene todas las respuestas.
Muchas veces escuchamos frases como: "Necesita un año más para madurar", "Quizá sea mejor esperar", "Todavía no está preparado". Y aunque cada caso es diferente, creo que hay algo importante que no debemos olvidar: cualquier decisión tiene sentido cuando realmente busca el beneficio de la persona autista y responde a sus necesidades reales, no a nuestras expectativas o a los tiempos que marca la sociedad.
Porque cada persona tiene su propio ritmo. Y no pasa nada. A veces vivimos tan preocupados por el futuro que nos olvidamos de mirar el presente:
Nos preguntamos si tendrá amigos.
Si será independiente.
Si estudiará.
Si trabajará.
Si será feliz.
Y mientras intentamos responder preguntas que nadie puede contestar, corremos el riesgo de perdernos todo lo que sí está ocurriendo hoy:
Hoy está aprendiendo.
Hoy está creciendo.
Hoy está superando retos que quizá otros ni siquiera perciben.
Porque para muchas personas autistas, cosas que para otros pueden parecer sencillas requieren un enorme esfuerzo:
Levantarse por la mañana.
Entrar en un colegio lleno de ruido y estímulos.
Comprender normas sociales que nadie explica.
Esperar.
Adaptarse.
Gestionar cambios.
Pedir ayuda.
Intentar encajar en entornos que muchas veces no están diseñados para ellos.
Por eso, cuando vemos una graduación, una fotografía de fin de curso o un diploma, quizá deberíamos recordar todo lo que hay detrás. Porque ese logro no empieza el día de la ceremonia. Empieza cada mañana. Empieza cada vez que se enfrentan a un entorno que les exige más de lo que muchas personas imaginan.
Por eso hoy quiero felicitar a todas las familias:
A las que celebran una graduación.
A las que han conseguido terminar el curso.
A las que han tomado decisiones difíciles pensando en el bienestar de sus hijos.
A las que han tenido que cambiar de rumbo.
A las que siguen buscando respuestas.
A las que están cansadas.
A las que tienen miedo.
Y también a las que hoy sienten orgullo.
Porque, a pesar de todas las barreras, habéis llegado hasta aquí. Y vuestros hijos e hijas también. Lo han conseguido. Quizá de una manera diferente. Quizá con más apoyos. Quizá recorriendo un camino que nadie esperaba. Pero lo han conseguido. Y eso merece ser celebrado.
Hay algo que he aprendido acompañando a tantas familias: No existe la decisión perfecta. Tomamos decisiones con la información que tenemos en cada momento y con todo el amor del mundo. Y si alguna vez nos equivocamos, siempre podremos volver a levantarnos. Siempre podremos rectificar. Siempre podremos buscar nuevas opciones.
Porque el objetivo no es hacerlo perfecto. El objetivo es seguir caminando juntos. Como familia. Como equipo. Como red de apoyo.
No quiero terminar esta reflexión sin agradecer a todos los profesionales que cada día trabajan para ofrecer oportunidades reales a las personas con autismo:
A quienes miran más allá del diagnóstico.
A quienes adaptan, acompañan, escuchan y comprenden.
A quienes permiten que una persona autista pueda ser ella misma sin sentirse juzgada.
A quienes creen en sus capacidades incluso cuando otros dudan.
Gracias por formar parte de sus historias.
Y, por último, me gustaría dirigirme a todas aquellas personas que ya saben que el próximo curso tendrán en su aula, en su actividad o en su entorno a una persona con autismo:
Formaos.
Preguntad.
Escuchad.
Observad.
Acercaos con curiosidad y no con miedo.
Porque cuando un profesional decide aprender sobre autismo, no solo mejora su práctica profesional; cambia la experiencia vital de una persona y de toda una familia. Quizá nunca sepáis el impacto que puede tener una mirada comprensiva, una adaptación sencilla o una palabra de apoyo en un momento difícil. Por eso, os animo a convertiros en esa persona que todos desearíamos encontrar cuando las cosas se complican:
Sed esa persona que escucha. Sed esa persona que comprende. Sed esa persona que acompaña.
Porque al final, cuando una persona con autismo tiene oportunidades reales para participar, aprender y ser ella misma, el logro no es solo suyo: Es un logro de todos.
Y mientras el futuro llega, disfrutemos del presente.
Porque hoy también merece ser celebrado.
💙 Gracias por estar #JuntosEnElAutismo 💙
