EVALUACIÓN DE BARRERAS EN EL ENTORNO ESCOLAR Y SANITARIO

Evaluación de barreras en el entorno escolar y sanitario en personas con Trastorno del Espectro del Autismo

Como hemos descrito en muchas ocasiones, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) constituye una condición del neurodesarrollo que afecta al funcionamiento cerebral y a la forma en la que la persona procesa la información, se comunica, interactúa con el entorno y regula sus respuestas emocionales y sensoriales. Sin embargo, gran parte de las dificultades que experimentan las personas autistas no derivan exclusivamente de sus características individuales, sino de la interacción entre estas características y entornos poco accesibles. En las últimas décadas, el enfoque de la discapacidad ha evolucionado desde modelos centrados únicamente en el déficit hacia perspectivas ecológicas y de derechos humanos, donde el entorno adquiere un papel fundamental. Desde esta mirada, las barreras físicas, comunicativas, organizativas y sociales presentes en contextos educativos y sanitarios pueden limitar significativamente la participación, el bienestar y el acceso equitativo a oportunidades de aprendizaje y atención sanitaria. La inclusión real no comienza únicamente en la provisión de apoyos individuales, sino en la capacidad de los entornos para adaptarse a la diversidad neurológica. Tal y como se plantea en la frase: “la inclusión no empieza en los apoyos, empieza en la mirada”, implica cuestionar qué aspectos del entorno están generando dificultad y qué modificaciones pueden realizarse para favorecer la accesibilidad. En el presente artículo, Nuria Cebrián, Terapeuta Ocupacional de Fundación ConecTEA, analiza las principales barreras presentes en los entornos escolares y sanitarios para las personas con TEA, así como las repercusiones del procesamiento sensorial en el aprendizaje y la salud. Ademas, si quieres profundizar al respecto, puedes inscribirte en la formación gratuita online Evaluación de barreras en el entorno escolar y sanitario en Autismo.

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Comprender el TEA como punto de partida para la accesibilidad

La comprensión del autismo constituye el primer paso para generar entornos verdaderamente inclusivos. El TEA se caracteriza por diferencias en la comunicación social, la flexibilidad cognitiva, la regulación emocional y el procesamiento sensorial. Estas características no se manifiestan de forma homogénea, sino que conforman un espectro amplio y diverso. Entre las principales áreas afectadas destacan:

  • Dificultades en la comunicación verbal y no verbal.

  • Problemas para comprender instrucciones abstractas o complejas.

  • Retos en la interacción social y en la comprensión de normas sociales implícitas.

  • Dificultades en teoría de la mente y expresión emocional ajustada al contexto.

  • Rigidez cognitiva y problemas de adaptación a cambios de rutina.

  • Intereses restringidos y patrones repetitivos.

  • Ansiedad ante situaciones novedosas.

  • Alteraciones en el procesamiento sensorial, tanto por hiperreactividad como por hiporreactividad.

Estas características pueden interferir en la participación cotidiana cuando los entornos no contemplan las necesidades específicas de procesamiento, comprensión o regulación de las personas autistas.

Es importante señalar que muchas conductas consideradas “desafiantes” representan, en realidad, respuestas adaptativas ante contextos excesivamente demandantes o poco accesibles. Conductas como la evitación, el aislamiento, las crisis emocionales o los movimientos repetitivos suelen tener una función reguladora o comunicativa.

Por ello, la evaluación de barreras debe centrarse no únicamente en el comportamiento observable de la persona, sino también en analizar qué elementos del entorno están dificultando la participación y generando malestar.

Asi es el TEA

Barreras en el entorno escolar

Barreras físicas

Las barreras físicas hacen referencia a aquellas características del entorno que generan sobrecarga sensorial, desorganización o dificultades para comprender y anticipar los espacios. En el contexto escolar, muchos entornos presentan una elevada estimulación visual y auditiva, como ruido constante, reverberación, luces fluorescentes, exceso de materiales visuales, movimiento continuo o cambios frecuentes de actividad. Para el alumnado con alteraciones en el procesamiento sensorial, esta sobreestimulación puede provocar fatiga cognitiva, ansiedad, dificultades atencionales y conductas de evitación. Espacios como los patios, los comedores o las aulas con una alta densidad de estímulos suelen resultar especialmente complejos.

Además, la organización física del aula influye directamente en la sensación de seguridad y previsibilidad. Los espacios poco estructurados pueden incrementar la ansiedad y dificultar la orientación espacial, mientras que la existencia de zonas claramente delimitadas, recorridos predecibles y áreas diferenciadas para el trabajo, el descanso o la regulación favorece la comprensión del entorno y promueve una mayor autonomía.

Por otro lado, la ausencia de espacios de calma o de regulación constituye una barrera frecuente en muchos centros educativos, ya que el alumnado no dispone de lugares tranquilos donde recuperarse ante situaciones de sobrecarga sensorial o emocional. Asimismo, la accesibilidad física también implica contar con señalización visual clara, apoyos visuales en los espacios comunes y estructuras organizativas que faciliten la anticipación y la comprensión del entorno.

Barreras organizativas y comunicativas

Los horarios y las rutinas poco predecibles pueden dificultar significativamente la participación del alumnado con TEA en el entorno escolar. La ausencia de horarios visuales o de anticipación ante cambios en la dinámica diaria suele generar elevados niveles de ansiedad, especialmente porque la organización escolar frecuentemente se basa en demandas simultáneas de atención, rapidez de respuesta y flexibilidad cognitiva que no siempre se ajustan a las necesidades de este alumnado.

Asimismo, las características de la comunicación en el contexto educativo pueden constituir una barrera importante. Las instrucciones largas, ambiguas o poco estructuradas dificultan la comprensión y el procesamiento de la información, especialmente en aquellos alumnos que presentan dificultades para manejar lenguaje verbal extenso o abstracto. Del mismo modo, el desconocimiento o la escasa utilización de sistemas aumentativos o alternativos de comunicación puede limitar gravemente sus posibilidades de participación e interacción dentro del aula.

Por otra parte, los sistemas de evaluación tradicionales, basados en pruebas escritas extensas, preguntas abiertas o tiempos rígidos, no siempre permiten reflejar las capacidades reales del alumnado autista. La falta de adaptaciones metodológicas y evaluativas puede derivar en experiencias de fracaso académico que no se corresponden con el verdadero potencial ni con los conocimientos del estudiante.

Barreras sociales

Las barreras sociales están relacionadas con las dinámicas de interacción, las expectativas sociales implícitas y las dificultades de participación en actividades grupales. En el contexto escolar, el patio suele constituir uno de los espacios más complejos para muchos niños y adolescentes con TEA, debido a la imprevisibilidad de los juegos, la ausencia de normas explícitas y la elevada demanda de habilidades de comunicación e interpretación social. Estas dificultades pueden limitar el acceso a juegos compartidos y favorecer situaciones de aislamiento social o exclusión.

Asimismo, actividades como el trabajo cooperativo, las exposiciones orales o la participación espontánea en el aula requieren competencias de comunicación social complejas que no siempre resultan accesibles sin apoyos específicos. Cuando dichos apoyos no se proporcionan, muchos alumnos participan en condiciones de elevada ansiedad o quedan al margen de las dinámicas grupales.

Por otro lado, la escasa sensibilización sobre la diversidad neurológica puede favorecer situaciones de rechazo, incomprensión o invisibilización dentro del entorno escolar. En este sentido, las barreras sociales no dependen únicamente de las características o habilidades individuales del alumnado, sino también de la actitud del entorno, de la flexibilidad de las dinámicas sociales y de la capacidad del grupo para construir contextos verdaderamente inclusivos.

Barreras - inclusión

Barreras en el entorno sanitario

El contexto sanitario presenta múltiples desafíos para las personas con TEA debido a la elevada carga sensorial, la imprevisibilidad y las demandas comunicativas.

Barreras físicas

Los hospitales y centros sanitarios suelen presentar múltiples características ambientales que pueden resultar especialmente complejas para las personas con TEA, como luces intensas, ruidos constantes, olores fuertes, contacto físico frecuente y una elevada cantidad de personas y movimiento continuo. Todos estos elementos pueden desencadenar respuestas de ansiedad, evitación o desregulación conductual, especialmente en personas con alteraciones en el procesamiento sensorial. Además, la ausencia de señalización visual clara y de apoyos que faciliten la comprensión de los procesos sanitarios dificulta la anticipación y aumenta la incertidumbre asociada a la atención médica.

Por otro lado, la falta de zonas de espera adaptadas o de espacios específicos de regulación incrementa el nivel de estrés durante las visitas sanitarias. Del mismo modo, el instrumental médico, determinados procedimientos sanitarios o el contacto corporal no anticipado pueden percibirse como especialmente amenazantes o invasivos. Espacios como urgencias, quirófanos o unidades de cuidados intensivos representan, además, contextos altamente demandantes desde el punto de vista sensorial y emocional, lo que puede dificultar significativamente la adaptación y participación de las personas con TEA en el entorno sanitario.

Barreras organizativas y comunicativas

La comunicación en el ámbito sanitario suele caracterizarse por ser rápida, predominantemente verbal y basada en el uso de lenguaje técnico, a lo que se suma con frecuencia la escasez de apoyos visuales y la falta de anticipación sobre los procedimientos. Estas características pueden dificultar significativamente la comprensión de síntomas, tratamientos o intervenciones médicas por parte de las personas con TEA. Asimismo, muchas personas autistas presentan dificultades para identificar, localizar o describir el dolor y el malestar físico, lo que puede complicar la valoración clínica y la adecuada atención sanitaria.

En numerosas ocasiones, las respuestas conductuales asociadas a situaciones de ansiedad, sobrecarga sensorial o dificultades comunicativas son interpretadas erróneamente como oposición o falta de colaboración. Además, los tiempos de espera variables, los cambios de profesionales y la incertidumbre sobre lo que va a ocurrir durante la atención médica suelen generar elevados niveles de estrés y desregulación emocional. Del mismo modo, las dificultades para seguir instrucciones complejas, recordar pautas médicas o adaptarse a rutinas sanitarias pueden interferir en el seguimiento terapéutico y en la adherencia a los tratamientos.

Barreras sociales

Las actitudes del personal sanitario y la falta de formación específica sobre el autismo pueden convertirse en importantes barreras para una atención adecuada y accesible. Entre las principales dificultades destacan las interpretaciones erróneas de determinadas conductas, la invisibilización de las necesidades de la persona autista, la impaciencia ante tiempos de procesamiento más lentos y la escasa comprensión sobre la necesidad de anticipación, control y previsibilidad durante la atención médica. Asimismo, en ocasiones existen expectativas poco ajustadas respecto a la forma de comunicarse, colaborar o responder de las personas con TEA, lo que puede dificultar la relación terapéutica y aumentar el malestar durante la intervención sanitaria.

La ausencia de conocimiento y sensibilidad hacia la diversidad neurológica puede generar experiencias médicas altamente estresantes o incluso traumáticas, especialmente cuando no se respetan las necesidades comunicativas, sensoriales y emocionales de la persona. Estas experiencias negativas pueden condicionar futuras intervenciones sanitarias, incrementando la ansiedad y la evitación ante revisiones, pruebas médicas o situaciones de atención clínica.

Adaptación sanitaria

Conclusiones

La evaluación de barreras en los entornos escolares y sanitarios representa una herramienta imprescindible para avanzar hacia modelos verdaderamente inclusivos.

Las dificultades que experimentan las personas con TEA no pueden comprenderse únicamente desde perspectivas individuales. Es necesario analizar cómo las características del entorno interfieren en la participación, el aprendizaje, la regulación y el acceso a la salud.

Las barreras físicas, organizativas, comunicativas y sociales continúan estando ampliamente presentes en muchos contextos educativos y sanitarios. Sin embargo, numerosas de estas barreras pueden reducirse mediante ajustes relativamente sencillos relacionados con la estructura ambiental, la comunicación, la anticipación y la sensibilización.

La creación de entornos accesibles no solo beneficia a las personas autistas, sino que mejora la comprensión, el bienestar y la participación de todas las personas.

Construir espacios inclusivos implica reconocer la diversidad neurológica como parte natural de la condición humana y asumir una responsabilidad compartida en la adaptación de los contextos.

Bibliografia

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