
Selectividad alimentaria en el autismo: mucho más que “no le gusta la comida”
La alimentación es una de las preocupaciones más frecuentes en las familias de personas con autismo. Rechazo de alimentos, dietas muy limitadas, fuerte preferencia por ciertas texturas o marcas, dificultad para sentarse a la mesa… Todo esto suele agruparse bajo un mismo término: selectividad alimentaria. Pero, ¿y si la selectividad alimentaria no fuera una cuestión de “manías”, “malos hábitos” o “falta de límites”?
Desde la evidencia actual, sabemos que comer es una de las tareas sensoriales más complejas del ser humano, y que en el autismo intervienen múltiples factores neurológicos, sensoriales, motores y emocionales. Irene Andrés, Terapeuta Ocupacional de Fundación ConecTEA lo aborda en este texto.
Comer: una tarea sensorial compleja
El acto de comer no depende solo del gusto. Implica la integración simultánea de múltiples sistemas sensoriales:
🟠 Sistema táctil (oral y general): textura, temperatura, consistencia.
🟢 Sistema propioceptivo: esfuerzo de masticación, control de la fuerza de la mandíbula y la lengua.
🔵 Sistema vestibular: postura, estabilidad para permanecer sentado.
🟣 Sistema gustativo y olfativo: sabores y olores.
🟡 Sistema visual: color, forma, presentación del alimento.
🔴 Sistema interoceptivo: señales internas de hambre, saciedad o malestar.
⚪ Sistema auditivo: sonidos al masticar, ambiente de la comida.
Todo este procesamiento ocurre de forma simultánea y requiere que el sistema nervioso registre, module, discrimine y planifique respuestas motoras (praxis) de manera coordinada.
En el autismo, este proceso puede verse alterado.

¿Por qué la selectividad alimentaria es tan frecuente en el TEA?
La investigación actual muestra que las personas con autismo presentan con mayor frecuencia diferencias en el procesamiento sensorial, que pueden manifestarse como:
Hipersensibilidad (umbrales bajos): el estímulo se percibe como excesivo o invasivo.
Hiposensibilidad (umbrales altos): necesidad de estímulos más intensos para registrar la información.
Búsqueda o evitación sensorial: estrategias activas para regular el propio estado.
En alimentación, estas diferencias se traducen en patrones como:
Rechazo de alimentos con texturas mixtas, grumos o crujientes.
Preferencia extrema por sabores concretos (dulce, salado).
Rechazo por olor antes incluso de probar el alimento.
Preferencia por alimentos de una marca, color o forma específica.
Dificultad con alimentos que requieren masticación prolongada.
Problemas para comer sentado o en determinados contextos.
La selectividad, por tanto, no es caprichosa: es una respuesta adaptativa del sistema nervioso ante una experiencia sensorial que resulta difícil de procesar.
El papel clave del sistema táctil y oral
El sistema táctil oral es fundamental para:
Percibir la textura y consistencia de los alimentos.
Coordinar masticación y deglución.
Proteger la zona orofacial ante estímulos percibidos como amenazantes.
En muchos niños y niñas con autismo, este sistema funciona de forma hiperreactiva, activando respuestas defensivas (arcadas, rechazo, llanto) ante determinados alimentos.
Además, la boca y las manos son las zonas con mayor densidad de receptores sensoriales del cuerpo, lo que explica por qué la alimentación puede resultar especialmente desafiante. Desde el área de Terapia Ocupacional de Fundación ConecTEA, con el enfoque de Integración Sensorial, se trabaja para superar estas dificultades.
Regulación emocional, atención y alimentación
La alimentación no es solo una experiencia sensorial, también es emocional y social. Durante las comidas se combinan:
Demandas sociales (turnos, normas, conversación).
Multitarea (usar cubiertos, masticar, mantenerse sentado).
Expectativas externas (“prueba”, “come un poco más”).
Si el nivel de alerta del niño o la niña está fuera del rango óptimo (hiperactivación o hipoactivación), la tolerancia sensorial disminuye y el rechazo aumenta.
Por eso, muchos niños comen peor cuando están cansados, sobreestimulados o emocionalmente desregulados.

¿La selectividad alimentaria es solo sensorial?
No siempre. En muchos casos es multifactorial. Pueden coexistir:
Factores sensoriales.
Dificultades en funciones ejecutivas (rigidez, dificultad para el cambio).
Experiencias previas negativas (arcadas, vómitos, presión).
Ansiedad.
Condicionamientos aprendidos.
Dificultades gastrointestinales asociadas.
Por eso, abordar la alimentación desde un único enfoque suele ser insuficiente.
Entonces… ¿cómo se debe intervenir?
Desde Fundación ConecTEA apostamos por una intervención respetuosa, individualizada y basada en el perfil sensorial, que tenga en cuenta que:
✔️ El objetivo no es “que coma más”, sino mejorar la relación con la comida.
✔️ La exposición progresiva (oler, tocar, interactuar, probar) es tan importante como la ingesta.
✔️ La regulación sensorial y emocional es clave antes de introducir cambios.
✔️ Cada niño o niña necesita un abordaje diferente.
La selectividad alimentaria no se resuelve con presión, sino con comprensión, acompañamiento y estrategias ajustadas al desarrollo neurológico y sensorial.

Cambiar la mirada: del “no quiere” al “no puede todavía”
Entender la selectividad alimentaria como una manifestación del funcionamiento del sistema nervioso permite cambiar la mirada: de la lucha al acompañamiento, del juicio a la comprensión, del “no quiere” al “no puede todavía”.
Si te preocupa la alimentación de tu hijo o hija, no estás solo o sola.
Un abordaje especializado puede marcar la diferencia en su bienestar… y en el de toda la familia 💙 Aprendemos #Juntoseneleautismo